



La Griso recibe su nombre del personaje de una novela italiana del siglo XIX, una especie de guardaespaldas ‘machoman’ al que no había quien le tosiera. Moto Guzzi siempre ha querido que su moto disfrute de esa misma reputación; de ahí que la haya dotado de su motor más avanzado: el nuevo ocho válvulas de 1.151 c.c. y 110 CV de potencia. Esto ya es otra cosa.
El juego empezó nada más escapar de la gran ciudad. Ahí estaba yo, cerca del punto de partida de la ruta de presentación de la Griso 8V, en las afueras de Milán, siguiendo a dos probadores italianos que me acababan de pasar sobre sendas bicilíndricas idénticas de color blanco. Estaba disfrutando de una conducción relajada, fijándome en lo nuevo que aportaba la moto... entonces, los otros tipos adelantaron a un camión por un hueco demasiado pequeño como para que yo pudiera seguirlos sin arriesgar, así que poco después abrí a fondo el gas de la Griso por primera vez para darles caza. Al principio, la moto aceleró con la amabilidad habitual. Luego, la aguja del cuentarrevoluciones alcanzó las 6.000 rpm, el nuevo V-twin con árbol de levas en culata empezó a respirar más profundamente y la Griso se lanzó adelante con una potencia que me despertó más rápido que un café expresso triple.
¡Abre los ojos!
Pensándolo bien, no tendría que haberme sorprendido, porque el nuevo motor Guzzi de 1.151 c.c. y culatas SOHC de cuatro válvulas cada una, entrega una potencia máxima de 110 CV a 7.500 rpm que suponen unos prácticos 22 CV de ventaja respecto al anterior motor OHV (simple árbol de levas en cárter motor) de varillas y balancines de la Griso. Es que, sencillamente, hasta ese momento el nuevo bicilíndrico en V se había mostrado tan dócil y tratable que no me había dado pista alguna de su luchador espíritu.
Moto Guzzi podría discutir este último comentario, ya que siempre ha querido subrayar la dura personalidad de esta moto (desde la presentación del modelo en forma de prototipo en 2002). La Griso, como quiere recordarnos el departamento de publicidad de Mandello del Lario, recibe el nombre de un personaje de una famosa novela italiana del siglo XIX (Los novios, de Alessandro Manzoni), que tenía fama de ser “el único hombre lo bastante fuerte para enfrentarse a todos los que quisieran retarlo”.
Es un buen nombre y a la Griso siempre le ha quedado bastante bien por sus formas musculosas y fornidas, su gran depósito y los gruesos tubos de su bastidor. Las prestaciones de la Griso original también justificaban su etiqueta de “chica mala” porque podías conducirla con dureza gracias a la gran calidad de su parte ciclo, que incorporaba grandes discos delanteros con pinzas de cuatro pistones y anchas llantas de 17”.
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